DEFINICIONES

Demasiado a menudo escuchamos frases, en la venta y fuera de ella, que incluyen palabras a las que dudo que se esté dando su verdadero valor.

Expresiones como “producto de calidad”, “empresa seria”, “honesto”, “sincero”, “profesional”, “leal”, “amigo”, se utilizan, las utilizamos, para intentar convencer de las bondades de la opción que promovemos en ese momento.

Algo parecido se observa, en la venta, en los medios de comunicación, y también en la conversación coloquial, con los superlativos, aumentativos y calificativos que se convierten en exagerativos carentes de verdadero significado.

Cuando después te encuentras con ciertas situaciones, resulta paradójico y, a veces, hasta grotesco, ver lo que quien supuestamente era honrado o leal ha hecho.

Así que hoy he pensado que nos podía ayudar en el trabajo, y en la vida, recordar o descubrir, lo que significan y deberían significar ciertas palabras. Para ello me serviré de una herramienta al alcance de todos, Internet, y en particular de Wikipedia, definición.de y del Diccionario de la RAE, Espasa Calpe.

Calidad:

La calidad es una cualidad y propiedad inherente de las cosas, que permite que éstas sean comparadas con otras de su misma especie. La definición de calidad nunca puede ser precisa, ya que se trata de una apreciación subjetiva.

Existen múltiples perspectivas desde donde definir a la calidad. Si nos referimos a un producto, la calidad es diferenciarse cualitativa y cuantitativamente respecto de algún atributo requerido. En cuanto al usuario, la calidad implica satisfacer sus necesidades y deseos. Esto quiere decir que la calidad de un producto depende de la forma en que este responda a las preferencias del cliente. También puede decirse que la calidad significa aportar valor al cliente, consumidor o usuario.

O sea, que cuando hablamos de que nuestra empresa, o nuestro producto son “de calidad”, o “de mucha calidad”, deberíamos asegurarnos de que tienen características que los hacen mejores comparativamente a los demás y que satisfacen las necesidades y deseos de nuestro cliente, o posible cliente. Y, como no, deberemos estar aportando valor al cliente.

Seriedad, empresa seria, persona seria:

1. adj. Grave, sentado y compuesto en las acciones y en el modo de proceder.

2. adj. Dicho de una acción: Propia de una persona seria.

3. adj. Severo en el semblante, en el modo de mirar o hablar.

4. adj. Real, verdadero y sincero, sin engaño o burla, doblez o disimulo.

5. adj. Grave, importante, de consideración. Negocio serio. Enfermedad seria.

6. adj. U. contrapuesto a jocoso o bufo. Ópera seria.

en serio.

1. loc. adv. Sin engaño, sin burla.

Te añado algunos resultados más:

Persona formal y cumplidora;

Digna de confianza

Claro que ahora entra una nueva muy usada y abusada: confianza – digno de confianza.

Jeffrey Gitomer, en sus escritos y en sus libros habla mucho de la confianza. Casi cada semana envía algún “tweet” en el que redunda en la idea de que la confianza se gana construyendo una relación a lo largo del tiempo, nunca en un momento.

Lo que está muy claro es que la confianza es un valor, una cualidad, que todos buscamos en otros y que todos deseamos ofrecer. Veamos qué es la confianza.

Me gusta mucho esta acepción:

Esperanza firme o seguridad que se tiene en que una persona o cosa va a actuar o una cosa va a funcionar como se desea.

Es decir, la persona o empresa digna de confianza, la persona o empresa seria, es aquella en la que puedes esperar que se comporte como tú deseas. O sea, que cuando le decimos a alguien que nuestra empresa es seria, o que puede confiar en nosotros, estamos asumiendo (al menos el otro lo hará), que sabemos lo que quiere y espera de nosotros y que lo vamos a cumplir. ¡Casi nada!

Vamos con una de las más abusadas. Honesto. ¿Alguien dice que no es honesto? ¿Te ha reconocido alguien alguna vez ser deshonesto? ¿Algún vendedor resiste la tentación de decirle a un cliente que él es honesto, honrado o sincero? “Te digo la verdad…” “Te aseguro que…” y otras parecidas, son habituales entre vendedor y cliente y entre personas, compañeros o no de trabajo, en sus conversaciones.

Veamos qué estamos diciendo de verdad.

Honestidad:

La honestidad es una cualidad de calidad humana que consiste en comprometerse y expresarse con coherencia y autenticidad (decir la verdad), de acuerdo con los valores de verdad y justicia. Se trata de vivir de acuerdo a como se piensa y se siente. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.

Ejem, ejem, ejem. Perdón que la tos no me deja continuar. O sea, que o “decimos la verdad” a los demás y a nosotros mismos, o “respetamos la verdad en relación con el mundo”, el comercial y el personal y el que sea, el mundo, o no podemos decir ni pensar de nosotros mismos que somos honestos.  Vaya, creo que se impone tomar nota y reflexionar. En la definición no he encontrado ninguna excepción. Parece que o lo eres o no lo eres. Te convenga decir la verdad o no. Si te perjudica decirla y la dices eres honesto. Si te perjudicaría decirla y no la dices, no eres honesto. Así de sencillo.

Ahora viene otra muy buena. Porque muchas veces usamos la expresión “con sinceridad” o “sinceramente”. Pues bueno, esto es lo que hay para sinceridad:

Verdad. Falta de fingimiento o mentira en lo que alguien hace o dice.

Queda bastante claro, pero por si acaso incluyo otra:

La sinceridad es una actitud que las personas pueden tener para enfrentar su vida y que se caracteriza por la honestidad y la utilización de la verdad en todos los ámbitos de la vida cotidiana. La sinceridad es uno de los elementos o de los valores más importantes y más loables de una persona ya que se basa en ser y actuar tal como uno es, siente o piensa, dejando de lado todo tipo de fingimientos o hipocresías.

Pues parece que habrá que pensárselo la próxima vez que le digamos a alguien, “sinceramente…” Como mínimo, tendremos que preguntarnos, cuando vayamos a decirlo, si estamos libres de mentira. Porque lo que no debemos dudar a estas alturas es de que la verdad acaba por salir a la superficie. Eso, cuando no era ya evidente por nuestra actitud, expresión corporal, reacciones, etc.

Ser un profesional es otra expresión de la que, creo, se abusa. Cuántas veces no hemos dicho de nosotros mismos, argumentando algo a un cliente, “es que yo soy un profesional”. O, refiriéndonos a algún otro (casi siempre la competencia), es que hay que ser más profesional.

Pues bueno, esta es la definición de profesional:

Persona que ejerce su profesión eficientemente y con destacada capacidad.

Claro que aquí ha entrado otra más en juego, profesión.

Las profesiones son ocupaciones que requieren de conocimiento especializado, capacitación educativa de alto nivel, control sobre el contenido del trabajo, organización propia, y también autorregulación, altruismo, espíritu de servicio a la comunidad, y elevadas normas éticas.

En muchas definiciones te encuentras con que profesión implica, no solo dedicación y especialización, sino también formación.

Si, estoy de acuerdo en que hoy día formación hay de muchas clases, e incluso en que el propio trabajo, la vida, pueden ser grandes escuelas dependiendo del aprovechamiento que hagamos de ello. Pero lo que está claro, es que de una manera u otra, de manera premeditada, deliberada, hay que formarse para poder llamar a nuestra ocupación, profesión.

Tenemos pues que un profesional es aquel que se ha formado para realizar de manera eficiente su trabajo y lo lleva a cabo con destacada capacidad. O sea, no es aquel que dice serlo sino aquel que demuestra serlo. Como dice Paulo Coelho, somos lo que hacemos, no lo que creemos que deberíamos hacer.

Llegamos a una de las que más me chirrían casi cada vez que la escucho. Amigo. “Somos amigos”, “es un amigo”, “mi amigo”…

Vamos a ver qué es la amistad:

La amistad es una relación afectiva entre dos personas…

Entre los componentes que forman una amistad, puede mencionarse el agrado al compartir actividades, el entendimiento mutuo, la simpatía, la sinceridad y el interés y la preocupación por el otro.

Vaya, que bien, como ahora ya sabemos lo que es sinceridad, podemos darle un poco más de sentido a la palabra amistad. Porque no se tú, pero a mi me ha parecido alguna vez que un supuesto amigo no había sido sincero conmigo. Y maneras de no ser sincero hay muchas. No solo decir que te has levantado a las 8 y haberlo hecho a las 9. También que te digan que algo es por tu bien y ser por el bien del otro.

Es cierto que hay grados de amistad. Si profundizas en las definiciones de amistad, sobre todo gira alrededor del afecto y de la camaradería, simpatía, afinidad, etc. pero tenga el grado de profundidad o intimidad que tenga, debe incluir lo que hemos leído.

Y también algo que seguro esperamos de amistades, compañeros, personas con las que compartimos tiempo y esfuerzos, lealtad.

La lealtad es el cumplimiento de aquello que exigen las leyes de la fidelidad y el honor. Un hombre de bien debe ser leal a otras personas, a organizaciones (como la empresa para la cual trabaja) y a su nación.

La lealtad es una virtud que se desarrolla en la conciencia y que implica cumplir con un compromiso aún frente a circunstancias cambiantes o adversas.

Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y el honor. Vamos a ver cuáles son esas leyes.

La fidelidad es la virtud para dar cumplimiento a una promesa.

Es lealtad, exactitud y veracidad.

El que es fiel cumple la promesa a pesar de los cambios en las ideas, las convicciones y los sentimientos, que pudiera provocar el tiempo. El que promete se adelanta al tiempo de modo lúcido y libre. El que cumple fielmente lo prometido lo hace consciente y voluntariamente.

Ya veo la trampa mental, seguramente está en la palabra “prometido”. Pues no hay problema, vamos a ver qué es eso de prometer.

Promesa: expresión de la voluntad que alguien se impone de cumplir algo.

O sea, que leal, será aquel que cumpla aquello con lo que se ha comprometido, es decir, aquello que ha dicho voluntariamente que haría. Y es una característica que se espera de alguien cuando asume ciertos compromisos, como el matrimonio, el trabajo para una empresa o la amistad.

Si, parece que la lealtad está poco valorada hoy día. Aunque seguro que todos esperamos ese tipo de cualidad en las relaciones profesionales y personales que establecemos y mantenemos a diario.

Hay más, pero creo que para comenzar no está mal. Otro día podemos hablar de “increíble”, “fabuloso”, “fantástico”, “el mejor”, “alucinante” (o sea, que alucinas, vamos, que ves cosas que no están ahí) y otros superlativos que usamos a menudo. Pero solo con que consigamos replantearnos a partir de ahora las palabras que usamos, aunque sean en nuestra mente, y las acciones que deberían ir asociadas a ellas, avanzaremos mucho en nuestra profesión y en nuestro crecimiento como personas.