PETER JOBS

Si, lo reconozco. Estoy bajo el influjo, el embrujo, enganchado. Todavía no he terminado de leerla, pero es la biografía más divertida, instructiva y apasionante que me ha caído en las manos. Y si, ya se que no se llamaba Peter, ¿o si?

Leyendo (en un iPod) lo que fue la vida y “milagros” (casi, la verdad) de Jobs, me he maravillado de varios aspectos, pero especialmente de un par o tres que creo nos aplican como vendedores. Por cierto, ¡menudo vendedor! Nunca lo hubiera visto como un vendedor si no fuera por la lectura de su biografía. Y creo que es uno de los mejores vendedores de los que he leído.

Lo que más me ha gustado ha sido capacidad para ver y perseguir, persistiendo, hasta lograr. Por supuesto que aunaba las dotes de un buen vendedor, con las de visionario y de obseso con la CALIDAD. Calidad, con mayúsculas, porque se trataba de calidad 360º. En todas las direcciones. Hemos hablado a veces del liderazgo 360º. Con él se trataba de la calidad 360º. Sin compasión, sin excepción, incluso cuando elegía ceder y hacer algo contra su criterio, decía, y se aseguraba de que se hiciera bien. “Si vamos a hacerlo, hagámoslo bien”. ¡Me encanta! Hagámoslo bien, cada detalle. Aunque no se vea. Desde el primer Mac, obsesionado con los detalles del interior “que nadie iba a ver jamás”. Años después, cuando a alguien se le ocurrió la manera de hacer que la caja del ordenador fuese translúcida, no hubo que cambiar nada, ya era bonito por dentro.

Gran vendedor. Porque amaba, estaba enamorado profundamente de su producto. Porque fue capaz de perseguir sus sueños de productos hasta que se pudieron hacer realidad. Y entonces los hizo a su gusto, como le gustaría que fuesen para él. Y así consiguió que a muchos otros también les gustase.

Gran vendedor. Persistente hasta el aburrimiento. Insistiendo en aquello en lo que creía y a aquellos a los que había que hacerlo, dándoles razones y beneficios para ellos. A veces convenciéndoles de esos beneficios.

Gran vendedor. Manteniendo la pasión a lo largo de los años y transmitiéndola a los que le rodeaban. Fue capaz de arrastrar incluso a gente a la que a veces no trataba con suficiente tacto o cariño. Pero sabían que iba a sacar lo mejor de ellos y su pasión les arrastraba.

Buen vendedor. Creyendo por adelantado en proyectos que todavía no existían. Más de una vez vendió lo que estaba todavía solo en su mente.

Buen vendedor. Soñador y juguetón con 50 igual que con 18 años. Ese es el Peter Jobs al que me refiero. El Peter Pan de la película de Spielberg en la que Peter Banning (Robin Williams), tiene que rescatar a sus hijos recuperándose a sí mismo a través de la imaginación. Peter Jobs hacía magia. Devolvió la magia a Apple y nos la trajo a los que alguna vez disfrutamos de sus sueños. Sueños como el que en los 80, cuando el ordenador personal estaba naciendo, a el le hacía ir ya con una especie de librito en la mano. Era una maqueta de un ordenador portátil. Tardaría más de 10 años en hacerse realidad. Sueños como el de interactuar con el ordenador de manera táctil en la propia pantalla. Sueño porque en ese momento ni existía la tecnología para poder hacerlo. Pero finalmente, cuando se pudo hacer estaba a la vanguardia con sus dispositivos.

No, no es una loa a Jobs. Se trata de una oportunidad de aprovechar lo bueno en otros para desarrollar más y mejor nuestras habilidades y dones.

Te aconsejo la lectura de su biografía. Y, mucho más, te aconsejo que sueñes, persistas con pasión y disfrutes.

Te dejo, estoy impaciente por seguir escuchando la música de mi iPod mientras leo en él un capítulo más de la biografía de Steve Jobs (¿o era Peter?).