MANERAS DE VIVIR

No pienses que estoy muy triste
si no me ves sonreir
es símplemente despiste
maneras de vivir.
Me sorprendo del bullicio
y ya no sé qué decir
cambio las cosas de sitio
maneras de vivir.
Voy cruzando el calendario
con igual velocidad
subrayando en mi diario
muchas páginas.
Te busco y estás ausente
te quiero y no es para ti
a lo mejor no es decedente
maneras de vivir.
Voy aprendiendo el oficio
olvidando el porvenir
me quejo sólo de vicio
maneras de vivir.
No sé si estoy en lo cierto
lo cierto es que estoy aquí
otros por menos se han muerto
maneras de vivir.
Descuélgate del estante
y si te quieres venir
tengo una plaza vacante
maneras de vivir

No, no me he pasado al Rock. Es que cuando he ido a comenzar a escribir y me ha venido el título a la mente, ha venido acompañado de esta canción, y me ha parecido que pegaba.

Porque lo que quiero compartir hoy contigo son eso, maneras de vivir. Las propias (¡ojo!) y las ajenas (ojo con juzgarles demasiado rápido).

Hoy simplemente comparto situaciones vividas esta semana y que me han dado para reflexionar.

La primera me la regaló ese gremio tan generoso en sus aportaciones al análisis de la capacidad humana para sorprender, para bien y para peor, los camareros.

Entro a restaurante de precio fijo (no alto, aunque tampoco te están regalando nada) en el que la “trampa” está en que la bebida no está incluida. Mi estrategia es siempre la misma: solo pido bebida si y cuando realmente me hace falta beber. Si además voy a beber agua (es lo que siempre bebo) y resulta que en el coche llevo varias botellas, pues a menos que tenga mucha sed, no pido bebida.

Para comenzar nadie se dirige a mí ni me ofrece ni me guía hacia una mesa. A pesar de que son casi las 4 de la tarde y está bastante vacío (o sea, no hay demasiado trabajo). Cuando estoy a punto de sentarme se me acerca una chica y SIN SIQUIERA LLEGAR A MIRARME A LA CARA NI SALUDAR, me dice: ¿qué va a beber? Solo levanta los ojos de su aparatito y me mira, eso si, con extrañeza nada disimulada, cuando respondo “por ahora, nada”. Después de hacerme repetirlo se da media vuelta y se marcha. Son maneras de vivir, pensé.

Pero luego me llega lo que a continuación te traduzco. Me lo envía Bob Proctor que tiene un envío semanal de una historia de alguien que le llega y él reenvía, y un envío diario de una frase inspiradora.

La historia de esta semana es la siguiente:

La historia de hoy es sobre una dependienta…

Hoy he aprendido a amarte.

Eres miserable y probablemente una de las personas más groseras que me he cruzado jamás.

Cuando me acerco a ti, te giras y haces ver que no estoy ahí, hasta que estás lista.

He intentado miles de veces hacerte sonreír y tú has intentado miles de veces no hacerlo.

He luchado con tener que tratar contigo. Incluso he intentado venir a otra hora solo para encontrarte allí a todas horas.

Sea el día que sea, la hora que sea, o incluso la estación que sea, en tu rostro permanece esa mirada dura, seria.

Un “¡Qué día tan fantástico!” obtiene un resoplido.

“¡Hola, ¿cómo estás hoy?” siempre recibe a cambio un “Igual”.

Me he dado por vencido, me has airado, incluso he pensado en quejarme al encargado, pero no lo he hecho.

Entonces un día me descubrí a mi mismo actuando justo igual que tú y me di cuenta de que tenía que parar.

Finalmente me convencí a mi mismo del hecho de que eres quien eres y no puedo cambiar eso.

Eres un hecho en mi vida y debo aprender a tratar con ello.

Tú me hiciste.

El día que me permití devolver el vacío, el comportamiento grosero y la actitud terrible y el tratamiento de silencio, elegiste decir algo.

Me acerqué al mostrador y dijiste, “¿Estás bien?” estaba asombrado. Realmente pude percibir como mi frente, todo mi rostro se contrajo aparentemente enfadado porque preguntases.

“¿Qué si estoy bien?”dije con incredulidad.

“Si”, respondiste. “Acostumbras a estar siempre tan animado y alegre”.

Me quedé de pie en un estado de ensoñamiento confundido por lo que estaba ocurriendo.

Me miraste y dijiste, “dependo de ti para subirme el ánimo cada vez que vienes. Trabajo en tres sitios, se me acumulan las facturas, mis hijos necesitan ropa para ir a la escuela, mi marido me dejó y tres semanas después descubrí que tengo cáncer”.

Me quedé sin palabras.

“Y ahora apareces hoy con esta actitud”, dijo.

Me disculpé.

Nunca se me había ocurrido que eras algo más que una dependienta. Nunca intenté comprender que detrás de esa cara había dolor personal, desafíos de la vida y pérdida.

Seguro que deberías aprender a separar la vida y el trabajo, pero a veces la vida hurga, duele, y acabas llevándola como un vestido feo. Es de tu talla, pero nadie quiere verlo.

Sabiendo cuán difícil es tu vida te veré a través de los ojos del amor.

El amor es más que romanticismo. El amor a compasivo. El amor es bondadoso. El amor es perdonador. El amor es ver a través del dolor. “Hoy he aprendido a amarte”.

Bob Perks

Bob Perks es un autor inspiracional y conferenciante

Se me pusieron los pelos de punta al leerlo. A saber lo que lleva cada uno a cuestas y el impacto (en uno u otro sentido) que podemos causar.

Luego, más adelante en la semana, apareció otro ejemplo inusual.

Tuve que ir a tráfico a realizar una gestión. Ahora hay que pedir número hasta para entrar al edificio.

Tomé mi impreso, lo rellené, lo pagué y el que me cobró me dio número.

Cuando me puse a esperar se me acerca la “secureta” y me sorprende ofreciéndome un número no utilizado para que no tuviera que esperar tanto (Lástima que acababan de pasar al siguiente). Pero qué sorpresa más agradable. ¡Estaba atenta a lo que ocurría a su alrededor!  Tenía deseos de ayudar, de ser útil, incluso en algo tan simple como eso. Se tomó la molestia.

Sé que es algo simple, pero es que es fácil ser un “héroe” en algo espectacular. Creo que es más fácil ayudar a cruzar la calle a un ciego que dejar pasar a alguien en la cola del supermercado sin poner malas caras o lanzar miradas penetrantes (una de mis especialidades). Y esta mujer se acercó y me dio un número para que no tuviera que esperar.

Y ¿qué tiene que ver todo esto con la venta? Pues mucho. Los vendedores somos personas que nos ganamos la vida con personas. Además de observar y aprender, nos irá bien comportarnos en nuestro trabajo y fuera de él como a las personas nos gusta que sean las personas.

Y la semana ha dado más de sí, pero lo tendrás que leer el domingo próximo.

Mientras tanto, vive con pasión.