HAY UN DAVID EN TI

La idea me ha venido (en realidad, vuelto) al leer un artículo de Darren Hardy en su revista SUCCESS. Así que algo va a haber de suyo en esta columna.

¿Qué ves cuando te miras al espejo? Si, me refiero al espejo real y al espejo figurado. ¿Qué imagen ves? ¿Qué persona ves? ¿Ves un David?

A menos que te llames David dudo que hayas respondido afirmativamente. Pero incluso en ese caso, no me refiero a David, he preguntado si ves “un David”. Es que “un David” no es un David cualquiera. Para ver “un David” tienes que ser un Miguel Ángel. Bueno, para acabar de ayudar a quien todavía no haya caído, diré que deberías ser un Michelangelo.

Todo el mundo veía un trozo de mármol inservible. Un trozo más de piedra. Un trozo de piedra en el que varios escultores habían trabajado y habían fracasado. Lo habían dañado irreversiblemente, habían llegado a fracturarlo. 25 años después de que el último se rindiese, Miguel Ángel dedicó dos años a la piedra rota y alterada, a la piedra imperfecta y desechada.

En la edad media, estaban acostumbrados a diseñar las esculturas solo desde el frente. Miguel Ángel lo hizo de manera totalmente diferente. La diseñó para ser admirada desde todos los ángulos. Es un David en tensión, preparado para el combate con Goliat, ya formado (no aniñado o juvenil, como otros de la época) que está a punto de librar el famoso combate con el gigante (o acaba de librarlo, depende a qué experto le preguntes).

Migel Ángel creía que cada piedra de las que esculpía tenía un alma dentro. Cuando le preguntaron por su David, dijo “yo ya veía un David dentro, solo tenía que liberarlo repicando todo el mármol que le atrapaba”.

Y esto me hace pensar en mí y en ti.

¿Qué ves cuando te miras al espejo?

Ya lo dice Darren Hardy, “nunca te elevarás por encima de la imagen que tienes en tu mente en ningún área de tu vida”.

Y ya lo dijo Hellen Keller: “La persona más patética del mundo es alguien que tiene vista, pero no tiene visión”. Y ella, ciega y sorda de nacimiento hace más de un siglo, que había llegado a ser escritora y conferenciante reconocida, sabía de qué hablaba.

Por eso antes de mirar al espejo, asegúrate de que tienes doble personalidad. Tienes que estar dispuesto a ver al David que llevas dentro, pero necesitas ojos de Miguel Ángel.

Dicen que uno de los verdaderos rasgos de un líder es ser capaz de ver a través de las personas viendo en ellos no lo que son, sino lo que pueden llegar a ser. Necesitas ser capaz de ver el David que hay en ti para poder convertirte en ese David de la venta (y de la vida). Seguro, valiente, decidido, preparado, sin temor a fieras o gigantes, que levanta pasiones y cosecha éxitos por donde va.

Seguramente también a ti te han dañado y hasta deformado algunos “escultores” pasajeros que te dejaron inacabado. No pasa nada, o al menos no está todo perdido.  A la escultura de David, nada más terminar le cayó un rayo, así que dificultades las pasan todos. Puedes ser un David. Puedes convertirte en un modelo que a lo largo del tiempo sirva de ejemplo y sea admirado.

Seguramente va a hacer falta un tiempo de esfuerzo por tu parte y ayuda por parte de otros para hacer saltar las capas de mármol que te atrapan. A Miguel Ángel le hicieron falta 2 años, después de los 25 años de espera que llevaba el bloque de mármol. Pero el resultado valdrá la pena.

Necesitas una visión. Y tienes la suerte de que puedes elegirla. Tienes la posibilidad de ser el escultor y la obra de arte. Puedes elegir ser David, Moisés o quien desees, quien te inspire. Elige tu visión, empápate de ella, consigue que veas lo que quieres ser con los ojos abiertos y con los ojos cerrados. Y así lo que quieres ser se convertirá en lo que vas a ser. Luego trabaja para ello, viéndote ya como vas a ser. Y antes de que te des cuenta lo serás. Hará falta esfuerzo, imaginación, amor propio, más esfuerzo, y pasión, mucha pasión. Pero finalmente te mirarás al espejo, real y figurado, y verás el David que llevas dentro. Lo verán los clientes, los amigos, y hasta los enemigos. Alguno dejará de serlo. Y, sobre todo, lo verás tú.

Te dejo con esta idea. Voy al espejo a ver qué veo.

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