VIEJOS ROCKEROS QUE NO MUEREN

Dicen que los viejos rockeros nunca mueren. Pero se retiran. Y cuando lo hacen es una gran oportunidad de aprender.

Hay quien dice que la vida es un escenario. Así que cuando un artista de los escenarios escribe compartiendo sus vivencias, seguramente habrá algo que aprender.

Desde hace tiempo leo frases de expertos que dejan claro que la venta es una actuación. No en el sentido de la impostura, sino en lo que tiene de ejecución de un trabajo espectacular destinado al disfrute, alegría, crecimiento y asombro de los espectadores, los clientes, amigos.

Por lo tanto, ayer por la noche, cuando escuchaba a Miguel Ríos cantar emocionado (no solo él) algunos de los éxitos de su carrera, algunas de las canciones de la banda sonora de mi vida y de la de miles de personas, terminando con su By By Ríos, pensaba en similitudes deseables.

Esta mañana he corrido al comprar el Libro-disco de la gira de despedida (viene con un periódico de tirada nacional) y he disfrutado de nuevo de las canciones, las letras, sus reflexiones, los comentarios de algunos de los que mejor le conocen, y sus agradecimientos. Y todo eso me ha convencido de que sí, podemos aprender unas cuantas cosas del escenario y la carrera de alguien como él, para un trabajo y una vida como la nuestra.

Lo primero que me hizo reflexionar fue la honestidad de M.R. al no intentar exprimir la vaca hasta la extenuación alargando una carrera que, como él mismo explica muy bien, exige físicamente a un cantante como él. Tiene el suficiente tirón como para poder seguir vendiendo aunque acabase convirtiéndose en una sombra de sí mismo. Pero ha elegido un camino diferente.

Inmediatamente unido a esto, aparece el número 50. 50 años actuando. Eso es una auténtica carrera. Lleva tanto tiempo cantando que recuerdo que cuando yo tenía 10 o 12 años y escuchaba alguna de sus canciones al verle ya me parecía mayor. ¡Y eso era hace 30 años! ¡Lleva tanto que empezó en esto antes que los Beatles!

Y para eso, para estar tanto tiempo en algo y estar recogiendo éxitos, hacen falta varias cosas. Hace falta vocación. Hace falta dedicación. Hace falta constancia. Hace falta sacrificio. Hace falta fe. Hace falta persistencia. Hace falta mano izquierda (y derecha, cuando empezó todavía había dictadura). Hacen falta relaciones. No es fácil llegar ni permanecer tanto tiempo como referente en ningún ámbito, y menos en el de la música.

Mientras escuchaba (y cantaba) sus canciones, pensaba en que a juzgar por su manera de comportarse en el escenario está claro que le gusta lo que hace. Se entrega, mantiene contacto visual con la gente. Conecta con el público. Les hace participar.

Y continuamente me hacía la pregunta, ¿Cuándo termine mi carrera de vendedor lo celebraré con mis clientes de una manera parecida?

Ya sabes lo que dijo el sabio anónimo: “Cuando naciste el mundo se alegró mientras tu llorabas. Vive de manera que cuando te vayas sonrías mientras el mundo llora.” ¿Es algo así lo que conseguiré? Desde luego me gustaría lograrlo. ¿Cómo lo ha hecho M.R.?

Él mismo nos lo cuenta. Algunas frases extraídas de lo que escribe en el libro que acompaña al disco nos dan pistas muy claras.

Cuando habla de su juventud en Madrid (para perseguir su sueño tuvo que salir de su Granada natal) dice “he jugado (al fútbol) con los veteranos de los años 60, le ponía tal fe que me quedaba sin voz de pedir la pelota. Esas pasiones ya no son las mismas”. ¿Mis claves? las que te he puesto en negrita. Tengo más:

…”atrapado por algo que llaman rock”… “sintió”… “lo suyo era lo que cantaban Elvis Presley”…

No fue un camino de rosas desde el principio ni todo el tiempo. Cuando ya había grabado un disco dice “todavía la música daba para pocas juergas. De vez en cuando había que volver a Granada, a la casa familiar, y poder seguir comiendo”. Su pandilla no acababa de creer que haya triunfado. “¿Y te pagan por cantar?”

Dice Miguel, “soñaba con que mis discos sonaran en los billares de mi barrio”.

Llega un momento en que “la música, los viajes, los conciertos, todo está cambiando y Miguel nunca pierde de vista la ruta de la modernidad”. Y es que hay que estar atento y ser flexible, también para vender, ¿verdad?

Supo cuidar las relaciones. En tiempos en los que todo se politizaba Miguel se define como alguien que “siempre he sido poco dócil, pero buen compañero de viaje”.

Dice ahora, pensando en lo que hará después del “by by”, que será “más acústico y más solidario”. Pero a pesar de lo que en algunos momentos pudiera ser más o menos popular, M.R. tiene un repertorio plagado de canciones comprometidas, y con mensajes, a veces, muy claros. No podías escuchar su canción Un Caballo llamado Muerte entonces, ni incluso ahora, sin darte cuenta de que estaba invitando a abandonar la heroína a los que se habían “montado” en ese caballo. Tiene canciones antinucleares, cantos a la vida como No estás sola y alegatos como el Himno a la alegría que se convirtió en un éxito dentro y fuera de España. Así que concienciado y solidario ya lo ha sido. Como debería ser todo vendedor que desee ser reconocido como persona humana, antes que vendedor.

Me han terminado de convencer algunas frases suyas. “Soy feliz con mi oficio. Con mis amigos, con mis colegas que también son mi familia.” “He triunfado y he caído. El éxito no ha sabido noquearme.” “Mi único consejo a mi hija… que intente ser feliz”.

¿Cuánto de todo esto podemos aprovechar como vendedores? A mi entender, TODO.

¿Quién no querría ser despedido con cariño, petición de “más pedidos”, fotos, aplausos, admiración…? A mi me gustaría pensar que mis clientes y los clientes de los vendedores con los que trabajo se sentirán así algún día. Pero lo importante es lo que hago mientras tanto, lo que hago hoy, para marcar la diferencia. Y todo lo que ha hecho M.R. y he resumido aquí lo considero totalmente aplicable a nuestra actividad. Solo hay que repasar y descubrir las pistas, y seguirlas.

Con mucha pasión, como él la pone desde hace más de 50 años.