EXPERTO
En épocas como esta, en la que casi todos recogemos resultados inferiores a los que desearíamos en nuestro trabajo, seguro que más de uno queremos ser expertos. Probablemente bastantes nos pensamos o pensábamos que lo éramos. Puede que en algún momento nos sintamos confusos pensando que si éramos expertos por qué no obtenemos resultados de experto. Y si lo que ocurre es que no somos lo expertos que nos pensábamos, entonces, ¿cómo se llega a ser experto? Porque lo que es seguro es que a todos nos beneficiaría ser expertos, ¿verdad? Quizá deberíamos comenzar por responder a la pregunta ¿qué es un experto?
Eso es lo que intentaron los autores de un estudio hace varios años, continuando lo que comenzaron hace más de 30 años dos educadores Húngaros, László y Klara Polgár. Ellos pretendían demostrar que las chicas tenían las mismas capacidades que los chicos. En aquella época la creencia popular era que las mujeres no tenían capacidad para actividades que requiriesen un pensamiento espacial, como por ejemplo, el ajedrez. Ellos enseñaron, junto con la educación normal, a sus hijas a jugar al ajedrez desde pequeñas. Desde luego que lograron demostrar su teoría. Las tres habían logrado en 2000 estar entre las 10 mejores jugadoras del mundo de ajedrez. De hecho, Judith consiguió alcanzar el nivel de gran maestro antes que nadie hasta ese momento batiendo la marca de Bobby Fisher por un mes. Hoy día es uno de los jugadores punteros de ajedrez del mundo y ha ganado a casi todos los jugadores masculinos.
También Benjamin Bloom, un profesor de educación de la Universidad de Chicago, estudiando la niñez de 120 individuos en la élite de campos tan variados como música, artes, matemáticas y neurología, no encontró indicadores (innatos) que permitiesen prever que iban a tener ese éxito. Las únicas diferencias innatas que se vuelven significativas (solamente para el deporte) son la altura y el tamaño corporal.
¿Ya te estás preguntando qué tiene que ver esto con nosotros? ¡Bien! Al menos he captado tu atención. Te daré una pista. Frase de Jim Rohn: La educación formal te consigue un medio de vida; la “autoeducación” te consigue una fortuna.
Pues bien, después de esos precedentes, los Húngaros y el estudio de Benjamin, los profesores K. Anders Ericsson, Michael J. Prietula, y Edward T. Cokely, de varias prestigiosas universidades, se ponen a la tarea de definir qué es un experto, descubrir cómo convertirse en uno y compartirlo con nosotros. (Si quieres, puedes consultar el artículo del que he extraído los datos pinchando aquí: http://harvardbusinessonline.hbsp.harvard.edu/hbsp/hbr/articles/article.jsp?OPERATION_TYPE=CHECK_COOKIE&referer=/hbsp/hbr/articles/article.jsp&productId=R0707J&TRUE=TRUE&reason=sessionAuthenticated&FALSE=FALSE&ml_subscriber=true&_requestid=4583&ml_action=get-article&ml_issueid=BR0707&articleID=R0707J&pageNumber=1 )
¿Qué es pues lo que determina el éxito? ¿Qué es lo que tienen en común la élite de las artes, música, neurocirugía, deportes varios, dirección de empresas, etc, etc, etc? Podría decírtelo ahora, pero creo que será más divertido y efectivo si no matamos todavía el misterio y disfrutamos con una historia de franceses.
En 1976 se llevó a cabo una prueba muy interesante y divertida llamada “El Juicio de Paris”. Para realizar el experimento se reunió a nueve franceses “expertos” en vinos. Estos no solo tenían que calificar los vinos, sino que además debían decir si consideraban que eran de California o de Francia. El organizador, Steven Spurrier, un inglés que comerciaba con vinos, pretendía demostrar que los vinos franceses eran mejores que los californianos.
La prueba consistía en una cata ciega de varios vinos franceses y californianos. ¡Sorpresa! Los “expertos” calificaron mejor a los vinos californianos y además ESTABAN CONVENCIDOS DE QUE ERAN FRANCESES. (Por cierto, no consumo vino, pero la prueba se ha ido repitiendo a lo largo de los años, hasta hace poco en el 30 aniversario, en 2006. En todas las ediciones, en la prueba ciega, ¡siguen ganando los vinos de California!)
Así que en un solo día se desmontaron dos mitos. El primero, el de que los vinos franceses eran mejores que los de California. El segundo, que es el que nos interesa a nosotros, que los “expertos” en vinos no tenían más precisión en una prueba ciega que cualquier consumidor normal de vinos, un hecho que después se comprobó en laboratorio.
Hay otros campos en los que se ha demostrado que la supuesta experiencia no lleva a un mayor nivel de acierto (de nuevo me remito al estudio que puedes consultar en el enlace anterior).
Dicho todo esto, de nuevo nos vemos ante la pregunta ¿Cómo puedes decir que estás ante un verdadero experto? Los autores del estudio nos dan tres pruebas: primero, debe producir resultados constantemente superiores a los de sus colegas o iguales. Segundo, debe producir resultados concretos. No es suficiente con que juegue muy bien al ajedrez, debe ganar torneos. Finalmente, la auténtica maestría debe poder ser reproducida y medible en laboratorio.
Para algunas actividades puede ser difícil aplicar las tres pruebas anteriores. Pero tenemos la ventaja de que las tres se pueden aplicar a nuestra actividad. Las tres podemos aplicárnoslas cada uno y ver qué tal se nos da nuestra profesión (¿vocación? ¿Arte?).
Al comienzo del escrito decía que seguro que todos queremos ser expertos en lo que hacemos. Al menos, seguro que todos deseamos los resultados que tendría un experto en lo nuestro.
Pues bien, vamos a jugar un poco. Hagamos nuestro propio estudio. Vamos a ver qué resultado obtenemos de nuestra propia investigación y la semana que viene lo comparamos con lo que concluyeron Ericsson y compañía. Está permitido todo, incluso leer su estudio. Lo más productivo será pensar un poco en ello, observarse y observar durante la semana, y compartirlo enviándome lo que cada uno piense o se le ocurra.
¿Cómo se llega a ser experto?
Si ya sé que con pasión, piensa algo más, gracias.
Por cierto, prometía que comentaría los resultados de mi dieta de desintoxicación mental. Para quien no lo recuerde se trataba de evitar totalmente cuatro tóxicos letales, la negatividad, el cotilleo, la queja y la crítica. ¡Tela!
Os puedo decir que es todavía más difícil de lo que ya veía al principio. Le he añadido un detalle que es la PRESUPOSICIÓN POSITIVA. Es que si no lo hago así cuando quiero ser positivo ya estoy pensando equivocadamente. Así que lo que intento es pensar bien de manera sistemática, para que se convierta en automática, de las personas que me rodean y sus intenciones. No es que si veo que se me acerca un individuo con un cuchillo grande gritando y mirándome con cara de loco me crea que está haciendo un papel y me quede quieto. Pero si que intento pensar que la forma en la que alguien me habla no es intencionadamente agresiva o negativa, sino que tiene buenas intenciones a pesar de lo que me pueda parecer.
La cuestión es que estoy en ello y sigo recomendándolo, no por fácil, sino por sano.
La semana que viene más. Vamos a descubrir cómo se crea un experto apasionado.

