¡QUIERO SER UN EXPERTO!

La semana pasada hicimos algunos descubrimientos importantes. Puede parecer que los datos que compartía no tienen demasiada relación entre sí y que difícilmente se aplican a nuestra actividad. Así que voy a resumirlos. Después intentaré que veas la relación que yo les veo. Y, por último, veremos cómo aplicarlo y convertirnos en expertos.

Lo que descubrimos:

  • Cualquiera, con el entrenamiento adecuado, puede destacar en cualquier actividad. No hay barreras de género, o de cualquier otro tipo que nos lo impidan.
  • No existen características o indicadores innatos que permitan prever que alguien será un experto o tendrá éxito en un determinado campo (excepto el tamaño corporal y la estatura en el deporte)
  • Porque te llamen o te consideren experto, no significa que lo seas. Que se lo digan a los que creían que los mejores vinos eran de Francia y que los sabían reconocer con los ojos tapados.
  • Se puede medir y demostrar que se es un experto. Hay que “producir resultados constantemente superiores”,producir resultados concretos” y “la auténtica maestría debe poder ser reproducida y medible”.

La relación con nosotros:

  • En nuestra actividad (y en muchas otras), cualquiera puede destacar. Solo debe recibir el entrenamiento adecuado.
  • Es imposible prever quién triunfará en esta actividad. Del mismo modo que es imposible prever quién fracasará (aunque a veces parezca evidente). Así que ¡QUE NADIE TE INTENTE CONVENCER DE LO CONTRARIO!
  • ¿Soy realmente un experto? ¿Estaré de verdad a la altura de las circunstancias? ¿No me estaré creyendo que soy algo que todavía no soy, y al hacerlo ME ESTOY RELAJANDO Y NO INTENTANDO MEJORAR SUFICIENTE?
  • ¿Estoy produciendo resultados constantemente superiores?
  • ¿Estoy produciendo resultados concretos?
  • ¿Es mi supuesta maestría reproducible y medible? En otras palabras, lo que digo que hago tan bien, ¿se puede medir? ¿lo podría hacer otra persona?

Evidentemente, si tengo tres brazos, y puedo sujetar a la vez tres vasos de agua, no soy un experto, soy un fenómeno de la naturaleza.

Si, en cambio, soy capaz de realizar 10 presentaciones cada día, a 10 clientes seleccionados de los que he obtenido información suficiente como para lograr que me compren porque sea capaz de explicarles lo útil de mi producto para su situación actual, y además fidelizarles para que en el futuro me compren a mí de manera preferente o exclusiva, ENTONCES SOY UN EXPERTO EN VENTAS.

Y ahora que parece que tenemos el diagnóstico, vamos a por el tratamiento.

¿Cómo se hace un EXPERTO? Porque ahora ya está claro que el experto no nace, se hace.

Siguiendo con los datos del estudio de la revista de negocios de la universidad de Harvard, “todos los investigados por Bloom que conseguían resultados superiores habían practicado intensamente, habían estudiado con profesores dedicados y habían recibido apoyo entusiasta de sus familias a lo largo de los años de desarrollo. …la cantidad y la calidad de la práctica fueron factores clave en el nivel de maestría que alcanzaba la gente… …los expertos siempre se hacen, no nacen.

El desarrollo de maestría genuina requiere lucha, sacrificio y autoasesoramiento sincero y a menudo doloroso”.

No me negarás que empieza a sonar a trabajo duro.

Parece que para convertirse en un experto hay que trabajar muy duro y esforzarse en practicar mucho. Pero… “podría parecer que la maestría es simplemente el resultado de practicar diariamente durante años o décadas. Sin embargo, vivir en una cueva no te convierte en geólogo. No toda práctica te hace perfecto. Necesitas un tipo específico de práctica”.

“Necesitas invertir el tiempo de manera sabia, implicándote en práctica ‘deliberada’, práctica que se concentra en tareas más allá de tu nivel de competencia y confort actual”.

“Cuando la mayoría de la gente practica, se centran en las cosas que ya saben cómo hacer. La práctica deliberada es diferente. Dedica esfuerzos considerables, específicos y mantenidos a algo que no puedes hacer bien, o que incluso no puedes hacer en absoluto”.

Y aquí llega otra conclusión clave: “Te llevará al menos una década alcanzar el nivel de experto”.

Bueno, aquí tenemos bastante con lo que meditar y ponernos en marcha.

Resulta que el experto se hace, se hace a través de la práctica, pero no de cualquier práctica. Se hace a través de la práctica deliberada de acciones que no sabe hacer bien, o simplemente no sabe hacer.

Resulta que si quiero ser experto en algo, por ejemplo, en mi profesión, debo comenzar a practicar aquello que todavía no domino de manera deliberada (no de casualidad o cuando surja la oportunidad) y aquello que ni siquiera sé hacer todavía, Y HACERLO DURANTE UNA DÉCADA.

La primera vez que oí hablar de este estudio fue a Robin Sharma hace unos meses. No le presté demasiada atención al estudio, aunque me quedé con el dato.

Más recientemente, volví a escucharle hablar del artículo y al leerlo me he dado cuenta de lo lejos que estoy de ello.

Es cierto, solemos tener sensación de dominar nuestra actividad, de ser maestros en ello, basándonos en lo bien que se nos da lo que se nos da bien. O sea, lo bien que hacemos aquello que hacemos continuamente y hemos logrado dominar. Pero un verdadero experto va más allá. Aprende y perfecciona aquello que no domina. A menos que domines todas las vertientes de tu actividad/profesión/vocación, si no llevas 10 años haciendo esto, no eres un experto. No lo digo yo, lo dicen los autores del estudio (más de 100 científicos e investigadores). Recuerda, después de hacer un seguimiento a cientos de casos de verdaderos expertos en campos muy deferentes.

Y han descubierto algo más. No solo practican deliberadamente, también piensan de manera deliberada. “La práctica deliberada implica dos tipos de aprendizaje: mejorar las habilidades que ya tienes y extender el alcance y campo de tus habilidades. La enorme cantidad de concentración que esto requiere limita la cantidad de tiempo que le puedes dedicar”. Por eso, cuando el famoso violinista Nathan Milstein le preguntó a su maestro y mentor cuántas horas debía practicar, este le respondió: “si practicas con los dedos, no hay tiempo suficiente. Si practicas con la cabeza, dos horas es suficiente”.

La semana próxima comentaremos estrategias concretas para desarrollar un hábito de práctica y pensamiento deliberados que nos lleven a convertirnos en expertos.

Mientras tanto te sugiero que vayas haciendo una lista de acciones concretas que no dominas y que, de hacerlo, te convertirían en un experto. Apasionado, claro.