SONRÍE, POR FAVOR
Ya lo vi hace más de un año. Está en la parte interior de las puertas de acceso desde la zona de servicios a la de clientes del Hotel Barceló Montserrat. Desconozco si en los demás hoteles de la cadena también lo usan. No lo había visto en ningún otro hotel. En cualquier caso, felicidades al que lo pensó y, sobre todo, lo hizo.
Se trata de un cartelito sencillo. Casi parece una de esas caras amarillas sonrientes tipo “acid”. Es una cara sonriente y divertida que dice: “¡Entramos en escena! SONRÍE POR FAVOR!!!!!”
Me gusta. Me parece una buena idea. La verdad es que en ese lugar parece funcionar. Suelen estar muy sonrientes. Son agradables. Seguramente con eso compensan carencias que, como todos, tienen y con las que tratan de luchar.
La cuestión es que me ha hecho pensar en nosotros y en mí.
Dicen que soy de risa fácil. La verdad es que me encanta reír. Me gusta sacarle punta a todo y no hago ascos a ningún chiste, especialmente si es bueno, pero también si es mediocre. Me río mucho. Intento hacer reír a los que están conmigo. Seguro que incluso alguna vez me hago un poco pesado. Pero no es lo mismo reír que sonreír. ¿Verdad?
Me parece que reír es humor y sonreír es simpatía, casi bondad. Y sé que de eso me falta y nos falta. Como comerciales y como personas.
Dice un proverbio Chino que “la persona que no sabe sonreír no debe abrir tienda”, y Teresa de Calcuta decía que “La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.”
Ya sé que no somos ni pacificadores, ni santos (ni tampoco chinos), pero quizá deberíamos serlo para aportar calma y para inspirar a los que nos tienen que comprar y nos rodean.
Una frase más nos ayudará a ver esto más claro: “La sonrisa enriquece a los que la reciben, sin empobrecer a los que la dan.” También parece un poco bucólica, ¿verdad? Nada que ver con lo que se le presupone a un vendedor.
La frase forma parte del “poema” que sigue a continuación.
El valor de una sonrisa:
Una sonrisa no cuesta nada, y en cambio, ¡cuánto da!:
Enriquece a aquellos que la reciben sin empobrecer a los que la otorgan.
Una sonrisa es cosa de un momento, y sin embargo su recuerdo a veces dura para siempre.
Nadie hay que sea tan rico ni poderoso que pueda pasearse sin una sonrisa, y nadie es tan pobre que no pueda ser enriquecido asimismo por una sonrisa.
Crea felicidad en casa, fomenta la buena voluntad en los negocios y es la contraseña más preciada de la amistad.
Brinda descanso al fatigado, ilumina al abatido, es luz del sol para el triste, y es el antídoto natural mejor que existe contra las dificultades.
Sin embargo, la sonrisa es algo que no puede ser comprado, mendigado, ni tampoco se puede pedir como préstamo, o robarse porque es un don que no tiene valor, sino hasta el momento en que se entrega espontáneamente.
Aquí suelen quedarse los que citan este “poema”. Pero su autor, Frank Irving Fletcher continuaba así:
Y si en el último minuto de las prisas de las compras navideñas, alguno de nuestros vendedores estuviese demasiado cansado para darle una sonrisa, ¿podemos pedirle que le deje con una de las suyas?
Porque nadie necesita tanto una sonrisa como aquellos a los que no les queda ninguna para dar.
¡Vaya! Resulta que era un poema de vendedores. Si, de cuando los que vendían en unos grandes almacenes o una tienda eran vendedores, no dependientes.
¿Y quién era Frank Irving Fletcher? ¿Qué sabía de esto?
Este señor fue un famoso publicista y escritor de anuncios. Famoso y reconocido. Tanto que en 1920, si, hace casi 100 años, cobraba 200.000 dólares al año por su trabajo. Así que algo debía saber de todo esto. Su publicidad y sistemas de venta eran totalmente contracorriente para la época (y ahora). Frente a los anuncios esgrimiendo precio que exhibía la competencia, él utilizaba anuncios y sistemas en los que se realzaban las características y ventajas de sus productos, la calidad de ellos y creaba escenas y ambientes en los que el cliente pudiera interactuar con los productos, tocarlos, usarlos y desearlos. Las pocas veces que citaba el precio era después de toda una presentación de esas otras cosas que he citado.
Así que cuando habla del valor de una sonrisa, también en la venta, sabe muy bien de qué está hablando.
Los vendedores tenemos una ventaja. Lo que hacemos para trabajar bien es lo que hay que hacer para relacionarse bien. Si aprendemos a aportar a los clientes podemos aportar a nuestro entorno. Al revés también. Si eres bueno con las relaciones humanas, si eres capaz de ser animoso, positivo, risueño, soñador y constante en estar cuando haces falta tienes mucho ganado para ser un buen vendedor. Por eso los vendedores tenemos la ventaja de que al mismo tiempo que hacemos bien nuestro trabajo nos estamos entrenando para ser una aportación positiva al mundo. Tenemos la ventaja de que si nos esforzamos en ser una aportación positiva al mundo nos será más fácil hacer bien nuestro trabajo.
Así que esta semana, y la siguiente, y las siguientes 3000 semanas que te quedan (como mínimo), al abrir los ojos, recuerda, el mundo es tu escenario, ¡SONRIE, POR FAVOR! Y hazlo con pasión, que eso se nota.

