¡SORPRESA!
Hoy tengo una sorpresa para ti.
No solamente porque no es domingo y ya tienes esto en tu correo electrónico (ya veremos cuándo lo lees).
Resulta que por fin he conseguido poner en marcha un desafío personal. Después de más de un año escribiendo semanalmente, he conseguido poner en marcha un sitio de internet en el que además de esta humilde columna se puedan consultar y obtener todo tipo de ideas y recursos relacionados con el desarrollo personal. Es una página sencilla, que iremos mejorando (juntos) con el tiempo y que deseo que resulte útil a todos aquellos que compartimos inquietudes relacionadas con el crecimiento personal y la autoformación.
El primer sorprendido soy yo, nunca habría pensado hace menos de dos años que estaría escribiendo esto y que lo haría público. Así que, como creo que poco o mucho, aporta algo positivo, el primer “agasajado” o “regalado” soy yo mismo.
Estamos en unos días especiales. Por deseo de estar en familia, o porque este año toca quedarse en casa o cerca de casa, muchos estamos pasando unos días recogidos dedicando más tiempo a nuestros allegados. También vamos a tener más tiempo para reflexionar y meditar.
La semana próxima compartiré contigo algunas lecciones que he aprendido o re-aprendido (o aprehendido) en 2009. Pero hay algo que podemos ir haciendo todos estos días.
Hace años que leí que hay que reconocer y agradecer a quien es o ha sido tu mentor. Según el diccionario un mentor es “persona que aconseja o guía a otro”. Como sinónimos aparecen: asesor, consejero, guía, maestro, profesor.
A veces puede parecer que un mentor debe ser una persona perfecta o ideal. La verdad es que no creo que sea así. De hecho, he visto a alguno caer bastante bajo en alguna de sus áreas personales.
Hace unos días falleció unos de mis mentores. A este no tengo qué reprocharle. Fallece a los 79 años por fibrosis pulmonar. Tuve la suerte de conocer personalmente a Jim Rohn, traducir para él, y agradecerle en varias ocasiones lo mucho que me ha aportado como persona y como profesional. Se tarda horas en leer todos los mensajes que hay en la página abierta en internet http://tribute.jimrohn.com/ para que gente de todo el mundo le agradezca y presente sus condolencias a la familia. Para los que hemos asistido a alguna de sus intervenciones, resulta imposible olvidar su voz, cómo administraba los silencios y el ritmo, y su mirada clara y penetrante. Pero especialmente, al margen de las formas, su mensaje era sencillo, concreto, coherente a lo largo de los años y aplicable de inmediato por cualquiera que le oyese. Un regalo para los que le escuchábamos y una razón de orgullo para él. Así que se ha ido entre millones de admiradores a los que influyó positivamente. Ha hecho realidad el sueño del proverbio oriental “llegaste llorando mientras los demás se alegraban, intenta que al irte sonrías mientras los demás lloran”. ¡Qué envidia!
Todos tenemos o hemos tenido algún mentor. Todos tenemos o hemos tenido alguna vez a alguien cerca que nos ha servido de ejemplo o guía. Alguien que nos ha aconsejado con sabiduría, experiencia y cariño en alguna faceta de la vida o el trabajo. Así que creo que es un buen momento para darle las gracias a esa persona por lo que significa o ha significado para nosotros. Quizá vale más la pena que hagamos dos o tres llamadas o escribamos unas pocas cartas, que el montón de felicitaciones navideñas sin sentido que se envían a veces (bueno, como dice Gitomer, tu no, los demás). Puede ser que alguien nos ayudase en un momento difícil de nuestra vida, incluso sin saberlo, o que alguien en quien nos fijábamos nos sirviese de ejemplo. Si llegamos a tiempo de reconocérselo en vida mejor. Si ya no podemos, escribámosle la carta de todos modos. Es sano. Y tengámoslo presente por si en algún momento podemos continuar la cadena de acciones positivas desinteresadas. ¡Quién sabe a quién podríamos ayudar si pensásemos un poco en ello!
He tenido la suerte de disfrutar de otros mentores, ejemplos o modelos, y también tengo el privilegio de disfrutar de la amistad y la aportación de personas que se toman el interés de leer, criticar y enriquecer mis escritos. Gente como Mark Hughes, Keith Lombardo y Tony Robbins, que de diferentes maneras me inspiraron a seguir en la dirección en la que me habían criado. Personas como Robin Sharma, Jeffrey Gitomer y John Maxwell, que con sus libros y charlas me siguen inspirando y aportando lecciones a diario. Seres humanos como Joan, Rafa y Guillermo o Víctor y Héctor que responden y aportan y que han insistido en que pusiera en marcha este sitio. También tengo la palmadita asertiva de un formador de formadores como Carlos San Antonio. No solamente mantiene muy alto el listón de lo que un formador debe ser, sino que va más allá y desinteresadamente pero con mucho interés mantiene el contacto y la atención aportando y animando. Gracias Carlos, eres uno de los mentores que influyen en lo que soy como comercial y como persona.
Hay más, y hay más acerca de estos mismos, pero para eso está la intimidad. Solo quería darte ideas, encender fuegos en tu mente para que aproveches el momento y reconozcas y agradezcas a los que te lo merezcan.
A ti te agradezco lo que has hecho de mi durante estos meses de escribir pensando en que si no lo pensaba suficiente quizá no te aportaría lo suficiente como para que pudieras marcar la diferencia en tu trabajo y en tu vida.
Para ti, con mucha pasión es esta sorpresa.
Para ti, con mucho cariño, Feliz Navidad.

