LECCIONES DE 2009

Este ha sido uno de mis años más duros, supongo que para casi todos.

Este ha sido uno de los años en que he aprendido más lecciones, espero que para todos.

Está claro que cuanto más difícil se pone, más lecciones se presentan. Pero para ello debes estar atento y desear aprovecharlas. ¿Verdad?

Espero haber estado suficientemente atento este año y deseo aprovecharlas.

Por si acaso alguna te sirve, he decidido compartir varias de ellas contigo. Hasta puede que sea divertido.

La primera, es que las cosas siempre pueden ir a peor. Esa es una de las lecciones de 2009. Parece que se ha tocado fondo y… se sigue cayendo. Parece que ya no puede caer otro cliente… y cae. Además, suele ser el que menos te lo esperabas, el que creías que era de los mejores, el que nunca lo hubieras dicho. Parece que es una lección negativa y poco útil, pero creo que las expectativas optimistas desmedidas o ciegas pueden ser tan peligrosas como el pesimismo o la falta de ambición. Desde hace meses repito a algunos de los que comparten trabajo conmigo: “piensa en lo mejor, prepárate para lo peor”. Y no lo veo pesimista en absoluto. Creo firmemente en el pensamiento positivo, pero hay que estar preparado. Y una de las lecciones de este año es que siempre puede ir a peor.

Esta lección tiene otra cara. Y es que siempre puede ir a peor y de hecho para muchos es así. Hace un año les decía a algunos que teníamos que prepararnos para una temporada mala en la que a nuestro alrededor mucha gente perdería su empleo, su casa, su coche, y debíamos estar preparados para no fallarles. Para muchos, cercanos y no cercanos a nosotros, las cosas han ido todavía a peor. No es una lección nueva, pero está bien recordarla. Hay a quien le va peor. Y en ese escenario hay que estar atento y disponible, y hay que estar agradecido.

Al hilo de la anterior, viene otra lección, al menos, para mí. Siempre se puede hacer más. Aunque se esté haciendo mucho, siempre se puede hacer un poquito (o mucho) más. Ha sido un año (y va a seguir la tónica) de intentarlo todo. Además de lo que esté funcionando, hacer algo más, probar más cosas, intentar algo nuevo. No es momento de desaprovechar oportunidades por falta de esfuerzo, ambición o fe. ¡Se puede hacer algo más!

Una de las lecciones que más me gusta de este año es reciente. Siempre me han motivado, me han ilusionado, me han movilizado los planes u objetivos “grandes”. Dime con qué podemos vender un 25% más; proponme algo con lo que podamos doblar; hagamos algo que nos consiga ser los primeros. Hace unos días, mi amigo, socio y compañero de desvelos, Carlos, consiguió sin proponérselo, que aprendiese una lección en 2009 para 2010. Con varios pequeños objetivos podemos lograr que el resultado global sea, simplemente, aceptable. En un momento en el que muchos pierden hasta la camisa, que no te vaya mal está muy bien. De hecho, mirando atrás a lo que ha sido 2009, esa lección ya se ha estado cumpliendo, aunque yo no la haya reconocido hasta hace unas semanas. Gracias Carlos.

Otra lección que agradezco a 2009 es la de la adaptación de los planes a las circunstancias. No es que haya sido inflexible hasta ahora, pero mis planes para 2009 eran muy diferentes a los que han tenido que ser y son para 2010. Hace 10 años me propuse que trabajaría fuerte durante 10 años y en 2009 comenzaría una especie de “jubilación”. Buen, jubilosamente he decidido que no era momento. Esta lección la he aprendido solo pero he visto como otros a mi alrededor también se reprogramaban (de nuevo, gracias Carlos, espectacular) y juntos hemos terminado 2009 programados para seguir dando lo mejor de nosotros, aunque para eso haya que cambiar de planes y de expectativas. Y doble lección, porque no me esperaba algunas de las reacciones tan positivas y productivas que he visto a mi alrededor (pero esto es para el final).

La lección que más me ha inspirado este año, es reciente y antigua a la vez.

Después de muchos viajes a África, y, seguramente, después de haber oído más de una vez el mismo relato, está vez lo he aprehendido.

Es la lección de la sabiduría. La liebre y la tortuga. Bueno, la liebre y las tortugas.

Resulta que en muchas fábulas la liebre es ejemplo de astucia, y con su astucia va poniendo en evidencia diferentes animales. Pero cuando reta a la tortuga a una carrera se enfrenta a alguien más sabio.

En la carrera la tortuga ha situado a sus familiares y amigos más cercanos a lo largo del recorrido y en la propia meta. La liebre sale muy segura de sí misma, lanzada y cuando cree que va en cabeza, ve a una tortuga que le saca ventaja. Aprieta el paso todavía más y cuanto más corre más pronto ve a una tortuga que le va por delante. Finalmente, agotada, ve como una tortuga se le ha adelantado en la propia meta.

La tortuga no es que haga trampa. Plantea la carrera de manera diferente. Es una competición de equipo en la que usa los recursos que tiene a su alcance y se asocia con aquellos que le pueden ayudar. Piensa en la liebre y la tortuga, no como individuos, sino como especie, o grupo.

Desde la perspectiva de una de las tortugas, parece que está todo perdido en cuanto sale o pasa corriendo la liebre. Seguro que en algún momento, sabiendo del historial de la liebre, durante muchos años “pegando repasos” y “levantando las pegatinas” a todo aquel que osaba desafiarle, las tortugas sentían la tentación de darse por vencidas. Seguro que si alguna de ellas hubiera tenido que aceptar el desafío por si sola se hubiera sentido desolada antes de empezar, hubiera tenido que confiar en la versión occidental de la fábula, en la que la liebre se confía y termina por perder por fanfarrona.

Pero las tortugas lo que hacen es unirse, tener perspectiva, y esforzarse como un todo. Me gusta la lección. Me inspira para 2010. Se ha convertido en mi imagen para el próximo año. Ser tortugas. En la familia y allegados, y en el trabajo. ¡Poco a poco, juntos, vamos a vencer!

Otra lección de este año que acaba es que la gente siempre puede sorprenderte. ¡A veces, hasta positivamente! Este año he recibido varias sorpresas muy agradables de personas que costaba creer que algún día harían el giro. Se nos ha ido Jim Rohn. Nos queda su “para que las cosas cambien tú tienes que cambiar”. También nos queda la frase de aquel al que le brillan los ojos: “el cambio lo tienes que hacer tu”. ¡Que sorpresa más agradable, Javi! Gracias. Sigue así.

Ahora sí, con mucha mucha pasión, me siento preparado para decirte ¡FELIZ 2010! Juntos, vamos a hacer que lo sea.