STARBUCKS

¿Cómo puedo ser café?

El café, ¿nace o se hace?

La semana pasada dedicamos un tiempo a aprovechar la historia del café, la zanahoria y el huevo que al hervir producían resultados muy diferentes, proporcionándonos ejemplos de aprovechamiento de situaciones adversas.

Dijimos que el café, a diferencia de otras cosas, al hervir se transforma dando sabor, color y olor.

Así que lo que debemos ver es qué nos hará, como comerciales (ya sabes, todos lo somos), desprender un aroma, sabor y color que nos haga valiosos, atractivos, deseables para los que nos rodean.

Por ejemplo, después de hervir durante 20 minutos al sol esperando a un cliente, podemos regalarle un chiste o una broma que, aunque comunique que nos hemos cocido vivos, nos alegramos de poder hablar con él por lo valioso que es para nosotros y lo mucho que disfrutamos cada una de las veces que nos vemos con él. O le podemos decir que vale la pena esperarle para poder aprender de su experiencia. O le podemos decir que lo bueno se hace esperar y que sabemos que prefiere atender al otro con prisa para poder dedicarse a nosotros con más calma (igual hasta no se le había ocurrido pero le damos la idea y nos atiende mejor que a nadie).

También podemos llegar a un cliente que está pasando mala época (si, hay alguno al que no le va bien del todo últimamente), y después de preguntarle (seguramente no hará falta que le preguntemos, no nos dará tiempo y nos lo contará) le podemos dar ideas para mejorar su negocio. O podemos sugerirle un buen libro para leer, uno que nos haya ayudado a nosotros. O podemos invitarle a pasar un rato en algún espectáculo o pasatiempo que a nosotros nos haya ayudado a evadirnos un poco de nuestros “temas”. Seguramente agradecerá olvidarse durante un rato, en buena compañía, de asuntos que tampoco puede solucionar.

Si estamos en medio de un problema común, un fallo de nuestro producto o servicio, un desafío en nuestra relación, un desacuerdo, ¡que maravilla aportar aroma y no hedor! mostrando paciencia, empatía, comprensión, y sin dejar de mostrar carácter. Los buenos cafés tienen carácter.

Creo que ser café es aportar lo mejor a nuestro alcance, lo mejor de nosotros, en el peor de los momentos.

Y café, ¿se nace o se hace?

Pues estoy seguro de que el café nace…

Todos conocemos a personas que de manera natural son café. Individuos que dejan buen sabor de boca después de cualquier situación que vivas con ellos. Gente que cambia el color de las cosas con su presencia, por mal que se ponga todo. Gente que aromatiza cualquier conversación y reunión. Siempre dan lo mejor que tienen, casi sin esfuerzo (o eso parece) mientras los otros están a punto de hundirse. Así que estoy seguro de que café se nace.

…pero también tengo clarísimo que café, uno puede hacerse.

Un ejemplo es la historia de Starbucks. Esos salones cómodos, donde puedes pasar el tiempo que quieras disfrutando de un café o un té en cualquiera de sus variedades, con leche de vaca o de soja, frío o caliente, con o sin hielo, picado o en cubitos, con pastas de todo tipo, un agua, una barrita energética (la lista de opciones es interminable), sentado en un cómodo sofá o en una silla, conectado a internet, hablando con amigos o escuchando música.

Es el disfrute del café llevado a la máxima expresión. No solo disfrutas de la bebida elegida con una calidad bastante alta, sino que el entorno te permite disfrutar mucho más y mejor del momento. Cualquiera diría que un cafetero de toda la vida es el que ha pensado en mostrarte, dejarte tocar las semillas en todas las fases de su proceso, olerlas, leer acerca de ellas, mientras respiras su aroma y pruebas su sabor.

Pero no. No se trata de un “café” natural de toda la vida.

Starbucks es idea de un vendedor de plásticos que visitó una cafetería con café de calidad y que después en uno de sus viajes vio cómo se disfrutaba del café en Italia y le pareció que sería buena idea ofrecer esa calidad de producto y de momento juntas.

Comenzó a trabajar en su idea, y a pesar de que no le seguían, la llevó adelante (Puedes leer los detalles en la página de Starbucks). Así es como un vendedor de plásticos cambió de manera global la manera de disfrutar del café. Así es como alguien que no era “café” (vendía algo totalmente diferente) se convirtió en “café” aportando a su entorno sabor, color y aroma. Así es como una cafetería se convirtió en algo mucho mayor, un símbolo mundial (llevan años abriendo un cafetería al día en todo el mundo) de calidad y disfrute. Si, café, uno puede hacerse.

Volviendo al principio, una lección más de la sabiduría de la madre.

Para que el café, responda diferente que la zanahoria y el huevo, tiene que hervir. Hace falta presión, temperatura. Tiene que haber una prueba para que el café de lo mejor que lleva y desprenda sabor, color y aroma. Tiene que pasar por ese trance para que el café, el real y el figurado, nos regalen la oportunidad de ir a un Starbucks, también real o figurado, a tomar algo juntos agradablemente y compartamos los resultados de la presión y la temperatura.

Es ahí donde nuestro carácter y nuestra pasión hacen maravillas e inundan todo con su color, su sabor y su aroma.