VENDEDORES Y PIRATAS

A veces una sola palabra o un gesto recompensan y motiva a seguir.

Otras veces te encuentras con gente que, después de darles muchas oportunidades de que te muestren su “lado bueno”, te convencen de que no se merecen tu generosidad ni tu paciencia. Es el momento de poner distancia entre tú y ellos.

Esta semana he podido comprobar ambas cosas disfrutando, como es lógico, mucho más de la primera, pero aprendiendo de todo.

Hemos compartido dos días de crecimiento para TODOS, porque todos hemos aprendido cosas.

Hemos compartido dos días de camaradería, como siempre en un ambiente excepcional.

Y hemos compartido dos días de ilusiones renovadas y de ideas que funcionan con las que revitalizar nuestro negocio.

También durante la pasada semana, en otro lugar alejado de los vendedores,  he podido observar en acción a un grupo de piratas. De los que hace unos siglos hubiesen llevado pata de palo, parche en el ojo y caras de malos (gracias sabina). Muy inspirador y un nuevo reto.

Así que he pensado que sería bueno repasar las características de unos y otros, porque hoy día con la ingeniería genética pueden darse híbridos no deseables entre el buen vendedor y el mal pirata.

El buen vendedor es un tipo con ilusión. Alguien que fácilmente ve nuevos horizontes como posibles para él y se propone alcanzarlos. Suele ser alguien a quien resulta bastante venderle algo, solemos ser buenos compradores. Si nos presentan algo que es atractivo, inmediatamente lo deseamos. ¿Por qué? Porque imaginamos, soñamos, visualizamos rápida e inconscientemente nuestra vida con eso que nos ofrecen y se vuelve “deseable” y lo queremos. Si, el buen vendedor es alguien con ilusión.

Al ser alguien con ilusión suele ser muy positivo. Claro que pasa por malos momentos o fases menos positivas. Pero aunque incluso en esas fases suele ser menos negativo que otros, son fases de las que sale rápidamente volviendo a ser el de siempre.

Un buen vendedor sabe ilusionar a sus clientes con lo que les ofrece. Tanto aquello que les ofrece como producto o servicio suyo, como aquello que les proporciona aunque se salga de su “oferta oficial”. Y aquí es dónde sale a la luz una de las principales diferencias entre el buen vendedor y el pirata o el vendedor piratilla (que sería la versión híbrida). El buen vendedor cumple con lo prometido y ofrecido e intenta superar las expectativas creadas. El piratilla se olvida de lo prometido muy rápido o por pereza lo va posponiendo, pero en cualquier caso, incumple lo ofrecido y prometido dejando un rastro de chascos más grandes o más pequeños. El pirata, por su parte, miente descaradamente sabiendo de antemano que no tiene la más mínima intención de hacer aquello que está diciendo.

El buen vendedor intenta atraer y persuadir presentando las ventajas que tiene su propuesta para el cliente o interlocutor. El piratilla combina una dosis de ventajas más o menos verdaderas, muchas veces exageradas, a veces muy falseadas, con una presión que roza lo descortés no dejando casi reaccionar o asimilar al cliente lo que le está proponiendo y huyendo de los detalles del pedido que puedan decantar la balanza de la compra del lado del no. El pirata con parche, te presiona, amenaza, acorrala y coarta intentando que el miedo a él te lleve a hacer lo que él desea. Algo que a corto plazo a veces funciona, pero que no tiene ningún futuro y es inmoral e ilegal.

El buen vendedor puede volver a los mismos lugares y personas una y otra vez. No solo le reciben bien sino que se alegran de volver a verle. Muchas veces no da tiempo a que vuelva y ya le están llamando con cualquier excusa para volver a verle. Al piratilla, en cambio, aunque algunos le puedan recibir con cordialidad (no hay que olvidar que puede que algunos sean como él y no valoran negativamente alguna de las cosas que hace, y otros no son capaces de manifestarle lo que piensan claramente) hay otros que lo rehúyen o que cuando les visita o después se intentan resarcir de diferentes maneras. Es lógico pensar que cuando alguien siente que se han aprovechado de él o no han cumplido, busque formas de resarcirse (en el pago, con reclamaciones, ocultando información útil…) de esa persona que no ha sido totalmente beneficiosa para él. Evidentemente el pirata con cara de malo, directamente va quemando el terreno detrás de él y cuando lo has tratado unas pocas veces no quieres tener absolutamente ningún tipo de relación adicional con él.

Podemos sacarle más punta a este lápiz, pero creo que hay reflexiones posibles para cada uno de nosotros como vendedor profesional o “de la vida” (ya sabes, cualquiera en cualquier momento) que nos ayudarán a ser vendedores y de los buenos. Aunque los piratas del cine nos sean atractivos, a ninguno nos gustaría tratar a diario ni con un pirata ni con un vendedor piratilla, y mucho menos en nuestras transacciones comerciales.

Así que con mucha pasión, como la que los vendedores con los que he compartido esos dos días maravillosos me han transmitido en muchos momentos, te animo a alejarte totalmente del perfil de pirata y del de piratilla.

Vive con pasión, vende con pasión… y con honestidad.