C.R.I.S.I.S. SERENIDAD

C.R.I.S.I.S. SERENIDAD

Hemos estado preparando todo un menú anti-“eso” (es que ya lo dicen bastante los demás, ¿no?). Hemos disfrutado de varias recetas para que de verdad este sea un momento de oportunidad.

Conocemos ingredientes concretos con los que preparar platos tan necesarios y útiles como son el de la Confianza. Confianza en uno mismo  y en los demás.

Hemos visto juntos lo sabroso y útil para todo momento que es el plato de la Responsabilidad.

También vimos cómo preparar la muy necesaria receta de la Iniciativa. No es momento de quedarse quieto ni de dejarse bloquear por el miedo. Con esa receta podemos movernos con soltura y sentido de la orientación.

La Seguridad es elemento imprescindible de este menú. Tener la seguridad de que sabemos lo que estamos haciendo y transmitirla a los que nos rodean y dependen de nosotros o colaboran con nosotros nos permite lograr mucho de lo que nos proponemos.

En este menú tan completo no podía faltar la Inteligencia. Y vimos con qué ingredientes concretos podíamos aportar inteligencia y sentido común a nuestro menú anti-“eso”.

Hemos llegado al postre. Normalmente el plato más deseado de la comida. El momento en que solemos dejarnos llevar más por nuestro instinto, por nuestros deseos más que nuestros propósitos. Muchas veces se escucha decir “me reservo para el postre”. Buena idea, porque suele valer la pena.

Nuestro postre es la delicia de la Serenidad.

Y es que después de una ajetreada comida de trabajo; o después de una intensa comida de celebración.; o al final de una tensa comida más temida que ansiada; ¡que descanso, que relax, disfrutar del postre! ¿No te pasa muchas veces que interrumpes el ritmo de esa comida de trabajo o de celebración para disfrutarlo con calma? ¿No te pasa muchas veces que el propio postre te deja con sensación de calma? Ese sorbete exquisito, o esa fruta fresca y jugosa que te cambia inmediata y totalmente las sensaciones de tu paladar, o ese chocolate calentito deslizándose por encima del helado con su contraste de frío y calor, son instantes de paz (y a juzgar por las caras de algunos y algunas en ese momento, de algo más) único en el transcurso de la comida. Un momento así es irrenunciable en una buena comida.

Pues lo mismo ocurre con nuestro postre. La serenidad es imprescindible en nuestro menú. Para superar, no, para salir triunfantes de la C.R.I.S.I.S. Debemos disfrutar de la serenidad. No es negociable. Debe estar en nuestro menú. Y, como se hace en algunos restaurantes, a veces debemos comenzar por el postre.

Debemos asegurarnos de que tomamos las decisiones con serenidad. No podemos permitirnos ni errar por nervios o angustia, ni transmitir impaciencia o agobio a los que nos rodean. Si en cualquier momento es importante la serenidad, mucho más en momentos en los que lo que nos rodea es más reacción que acción.

Lo primero que necesitamos es serenidad interior. En muchos momentos debemos ser capaces de pensar como si la… bueno, eso, no existiera. Con calma y tranquilidad controlar nuestras emociones. Debemos asegurarnos de que no nos afecta emocionalmente lo que parece o dicen que está ocurriendo. No solamente porque así seremos capaces de mantener la calma, sino porque estando calmados seremos mucho más capaces de decidir lo que permitimos que nos pase a nosotros. Y no tiene por que ser lo mismo lo que nos pasa a nosotros que lo que les pasa a los demás.

No se trata de indiferencia o falta de sensibilidad hacia lo que ocurre a nuestro alrededor. Si a un allegado le despiden de su trabajo, debemos movilizarnos para intentar ayudarle a pasar el mal trago lo mejor posible y para que dure lo mínimo. Seremos solidarios y daremos apoyo, pero con Serenidad. Es lo que él necesita y lo que nosotros necesitamos.

Así que una vez controladas nuestras emociones (que no es lo mismo que nuestros sentimientos. Estos, cuanto mejores y abundantes sean, mejor) intentaremos calibrar la auténtica medida de nuestra propia C.R.I.S.I.S. Ojo, no sea que la nuestra la creemos nosotros mismos (hay que leer varias veces la columna de hoy de Jeffrey Gitomer). No sea que la nuestra ni exista, o sea de características o dimensiones diferentes a la de los demás o a la que cuentan por la televisión.

Un ingrediente que hemos recomendado anteriormente en este menú es el compromiso. Es uno de los ingredientes que nos permitirá actuar con serenidad. Es más fácil actuar con serenidad cuando tienes un plan concreto con el que estás comprometido firmemente. En momentos de desorientación te ayudará a continuar haciendo lo correcto.

Un ingrediente a evitar es la culpa. Seguramente hemos tomado decisiones en el pasado que lamentamos a la luz de los acontecimientos actuales. Algunas puede ser que se pudieran prever, otras no. De todos modos, ni los más “encumbrados” social, económica y políticamente, han sido capaces de prever y evitar la situación actual (sea la que sea). Así que nada de positivo le añadiría a nuestra receta la culpa. Evitémosla a toda costa.

Aunque hay que planificar, en el día a día no podemos estar pendientes del mañana. En un momento como este, todavía menos.

Cada día hay cientos de personas que tienen que llenar las páginas de varios periódicos (solamente en España), otros cientos las pantallas de varias televisiones, y si hace falta repetir hoy las previsiones que ya saben que eran inexactas ayer, las repetirán. O sea, no puedo estar pendiente de lo que parece que pasará. Debo estar con los cinco (como mínimo) sentidos en lo que YO puedo y debo hacer aquí y ahora.

Como ya comentábamos con otra receta pasada, saber que somos buenos en lo nuestro porque nos hemos preparado da mucha seguridad. Así que hay que invertir en uno mismo para estar preparado para lo que aparezca cada día. Ese es otro ingrediente del plato de la serenidad, la preparación.

Pero no confundamos Serenidad con inactividad o desapasionamiento. Apasionadamente serenos, preparados, libres de culpa, centrados en lo que queremos lograr, vamos a salir triunfantes. ¡Todo el mundo nos pedirá la receta!

¡QUE APROVECHE!