C.R.I.S.I.S.

No, no me he equivocado. Eso es lo que quería escribir. C.R.I.S.I.S. No es la palabra que no deberíamos haber estado usando tan abundante, gratuita y “alegremente” y que no paran (y, a veces, algunos, no paramos) de usar. No es lo que parece. No es esa palabra. Es C.R.I.S.I.S.

Hace unos días que le doy vueltas al acróstico. Tenía algunas ideas. Y, cuando estaba a punto de empezar y había decidido que sería el tema del escrito de esta semana, me encuentro con un librito (¿casualidad? Ya sabes que eso no existe. Cuando tienes algo en la mente, todo alrededor se confabula a tu favor, si tienes los ojos abiertos) que habla de recetas para superar la… bueno, esa palabra. Seis recetas. Y en el índice encuentro un acróstico que me vale. Bueno, más que eso, me gusta mucho. Las seis recetas son: Confianza, Responsabilidad, Iniciativa, Seguridad, Inteligencia, Serenidad. Ya ves que no es lo mismo lo uno (esa palabra) que lo otro, C.R.I.S.I.S.

Así que con este menú, con estas seis recetas, usando ingredientes sugeridos por las “cocineras” del librito, y otros ingredientes añadidos por mí, te propongo que de una vez por todas aprovechemos este momento y disfrutemos de un festín.

Hay varios ingredientes necesarios para preparar y servir con éxito el plato de la confianza.

La confianza es un camino de dos sentidos. Se crea y se destruye. La necesitamos y necesitamos darla, infundirla y mantenerla. Pero lo primero que necesitamos en un momento como este es tenerla… en nosotros mismos. Autoconfianza. Y para eso hacen falta ingredientes como memoria para recordar los logros y los conocimientos adquiridos hasta el momento. También nos ayuda a elaborar el plato de la confianza ser conscientes de nuestras capacidades, nuestro potencial, NUESTRO VALOR. Podemos recurrir a nuestra propia valoración de nosotros mismos, pero si les preguntamos a personas que nos conocen, “¿cuales crees que son mis tres mejores cualidades?” vamos a hacernos con una lista que seguro nos sorprenderá. Vale la pena hacer la prueba.

Sabernos capaces de repetir éxitos anteriores y vernos capaces de nuevos logros por las capacidades que vemos y ven en nosotros seguro que nos va a aportar una dosis de autoconfianza importantísima para el plato que estamos preparando.

Hablando de valores. Si, conocer y desarrollar nuestro valor nos ayudará mucho. Pero no debemos olvidar los VALORES morales cuya carencia ha llevado en gran medida a la situación en la que estamos inmersos. La principal crisis que hay y ha habido durante demasiado tiempo (esperemos que no se haya convertido en parte indisociable de nosotros) es la crisis de valores. Cada vez faltan más valores a la hora de hacer negocios, a la hora de responder en las relaciones personales, en las organizaciones religiosas, en los medios de comunicación, en todos los ámbitos. Esa es la verdadera crisis de la que nos deberíamos estar preocupando y, sobre todo, OCUPANDO, en estos momentos. Así que es un buen momento para hacer nuestra parte y decidir qué valores personales queremos adoptar y transmitir a los demás. Con un poco que mejoremos cada uno lograremos una gran diferencia para todos.

Si estamos de acuerdo con estos ingredientes para el plato de la confianza, valor y valores, podemos continuar elaborándolo.

Decía al principio que la confianza es un camino de doble sentido. Por lo tanto, una vez que tenemos confianza en nosotros mismos porque somos conscientes de lo que valemos, de lo que podemos hacer y de que lo vamos a hacer con ética porque defendemos y practicamos unos valores, debemos comenzar a mostrar esa cara de nosotros para infundir, inspirar confianza. Dicen que la confianza se gana durante años y se pierde en un minuto. Creo que nos pueden perdonar un error, pero si miramos lo que nosotros mismos hacemos, seguro que veremos que cuando alguien nos falla nos cuesta mucho no perder la confianza o devolverla. Siempre, pero en un momento como el actual, todavía más, debemos estar muy atentos a las expectativas y necesidades de los que nos rodean y a posibles fallos, despistes o negligencias por nuestra parte que puedan provocar falta de confianza en nosotros. Es bueno que los que nos rodean y se relacionan con nosotros, en el ámbito que sea, sepan lo que nos proponemos hacer y sepan que cuando nos equivocamos (intentemos que sea poco) lo reconocemos y después de disculparnos intentamos no repetir error. Asertividad y humildad. Asertividad para no suponer que ya lo saben y, por lo tanto, decir las cosas, y humildad para reconocer los errores.

El plato empieza a desprender aroma, pero todavía no está terminado.

No somos islas. Estamos en interacción continua con los demás. Familiares, compañeros de trabajo, amigos, socios, clientes, colaboradores, proveedores, (qué bueno cuando mucho de eso se superpone ¿verdad?) están de continuo generando (o no) confianza en nosotros con lo que dicen de nosotros, nos piden, nos agradecen, nos reconocen, nos reclaman… Pues esas personas que nos han ayudado y nos siguen ayudando a tener autoconfianza, también necesitan que se confíe en ellos. Soy un convencido de la confianza en los demás. Prefiero llevarme algún chasco (me los he llevado) que ir mirando continuamente “a ver si me la pegan”. Creo que vale la pena confiar y que de vez en cuando te fallen. De todo se aprende, sobre todo de experiencias “negativas”. Así que no pretendamos que se confíe en nosotros si no damos confianza. No retiremos la confianza precipitadamente cuando parezca que alguien ha fallado. No cerremos la posibilidad de devolvérsela a alguien a quien hemos decidido retirársela. Es y tiene que seguir siendo un camino de doble sentido. Si interrumpimos uno de los sentidos el otro también se colapsará y nos quedaremos todos sin confianza. Nadie se comerá ese plato tan apetecible y nutritivo.

Para ser lo más práctico posible y no quedarme en ideas algo abstractas (aunque creo que hasta ahora el plato no va nada mal) te dejo con unas “especias” que le darán al plato un toque y un aroma finales que lo terminarán de hacer irresistible.

Transparencia

Asertividad

Lenguaje claro. Llamar a las cosas por su nombre.

Comunicación

Sinceridad

Ánimo (para uno mismo y hacia los demás)

¿Acaso lo dudabas? Pasión. Es la sal que va bien y necesitan todos los platos.

La semana próxima otro plato. Mientras tanto, ¿que tal si compartimos las ideas que nos vayan surgiendo durante la semana? Prometo que alguna la compartiré en las próximas recetas. Confía en mí, valdrá la pena dedicarle un tiempo a esto.