C.R.I.S.I.S. RESPONSABILIDAD

C.R.I.S.I.S. RESPONSABILIDAD

La segunda receta antiyasabestuelque, es la Responsabilidad.

La semana pasada trabajamos la Confianza. Se que algunos la habéis estado probando, incluso aportando algún ingrediente adicional. Es un plato que cuantas más veces se prepara más mejora (como todos). Todavía nos saldrá mejor las próximas veces que lo preparemos. Y todavía lo enriqueceremos más con aportaciones de otros cocineros aprendices de chef.

Pero ahora nos toca conocer la receta de la Responsabilidad. Creo que va a ser el plato más complicado. Habitualmente somos muchos a los que nos cuesta preparar y consumir este plato.

No es que sea un plato desagradable, de mal sabor o de mala digestión. Pero resulta que su preparación exige mucho del cocinero. Es un plato que no se puede preparar a medias. No puedes comerlo a veces si y a veces no. O lo usas a diario o lo tendrás que volver a aprender a preparar. Pero también es verdad que cuando aprendes a hacerlo, te sale sin esfuerzo, automáticamente.

Del mismo modo que decíamos que la falta de valores había llevado a la situación actual, la poca (ninguna) responsabilidad de muchos, a diferentes niveles y en distintas “responsabilidades” o funciones nos ha llevado a donde estamos globalmente, localmente y personalmente.

Del mismo modo que los responsables de supervisar a los bancos y a quién le prestaban el dinero, cómo maquillaban sus datos públicos, etc, han fallado no haciendo lo que tenían que hacer y se esperaba de ellos, del mismo modo, cada uno debemos analizar qué responsabilidades nuestras debemos asumir de nuevo (o de una vez) y cumplir con ellas totalmente.

Somos responsables de lo que hacemos y de lo que no hacemos. Así que es bueno que empecemos por lo que deberíamos haber hecho y no hemos hecho.

Podemos continuar por lo que estamos haciendo a medias.

Y, lo más importante, debemos analizar para ver qué es lo que está en nuestras manos hacer, a partir de ahora, para que la situación (la nuestra y la general, por qué no) cambie.

Como el otro día, vamos a ver unas especias que enriquecerán el plato y nos ayudarán a concretar.

¿Qué puedo hacer para progresar?

¿Qué puedo hacer para mejorar?

¿Qué puedo hacer para incentivar?

¿Qué puedo hacer para ayudar?

¿Qué puedo hacer para ser solidario?

¿Qué puedo hacer para no malgastar recursos?

¿Qué puedo hacer para no malgastar oportunidades?

¿Qué puedo hacer para replantearme mi realidad actual?

¿Qué puedo hacer para aprender más?

¿Qué puedo hacer para mantener una actitud positiva hacia mí y hacia los demás?

No está mal para darle sabor al plato, ¿verdad?

¿Cómo saber que algo es responsabilidad mía? No se si te gustará la respuesta, pero es mi respuesta. Si lo puedes hacer, es tu responsabilidad hacerlo. Sin sentirse abrumado. No se trata de intentar hacerlo todo. Se trata de hacer lo que se pueda. Pero no huir de nada. Si lo puedes hacer, es tu responsabilidad hacerlo. Desde apagar la luz al salir de una habitación, hasta seguir a un delincuente al que has visto cometer un delito y avisar a la policía indicando dónde está. ¿Recordáis la historia hace unos años? Y no se trataba de un delincuente cualquiera. Se trataba de un terrorista que acababa de atentar contra alguien en una ciudad Española. Era el que lo podía hacer y se convirtió en su responsabilidad. Y a él le pareció lo más normal. Ya hemos dicho que cuando aprendes a prepararlo, te sale solo.

Al momento actual en el que políticos, banqueros, empresarios, se echan las culpas unos a otros de lo que ocurre y de lo que ha ocurrido, podemos responder responsabilizándonos de nuestra propia parcela sin excusas y sin eludir ninguna de las cosas que podamos hacer. Además de ser útil para cada uno, la responsabilidad personal inspira a los que observan. ¿No te ha ocurrido nunca que al ver a alguien hacer algo que todos podrían estar haciendo, te sientes impulsado a ayudar y hacerlo tu también? Por ejemplo, acaba una fiesta y alguien se pone a recoger, ¿no te parece de pronto que también es responsabilidad tuya hacerlo y sin planteártelo te pones a recoger tú también? Es contagioso e inspirador.

En lugar de intentar vivir por encima de nuestras posibilidades (quizá no es tu caso, pero es el de mucha gente, empresas y países hasta hace poco y todavía, en algunos casos, ahora) ¿qué tal si nos planteamos nuestras auténticas necesidades y nos hacemos responsables de cubrirlas sin excesos y sin engañarnos a nosotros mismo ni a los demás?

Me encanta el mensaje de Viceroy. Han escogido a gente que ni usa reloj. Hasta han buscado que rime. “No es lo que tengo, es lo que soy”. Vamos a hablar de eso otro día. ¿Qué soy? Pero por ahora, podemos quedarnos con una forma más de responsabilidad, hacerme responsable de lo que soy sin caer de nuevo en intentar tener más de lo que puedo (o debo) permitirme.

Creo que el plato está casi listo. Solo le falta un detalle. Como esos platos a los que al final, cuando van a presentarlos, les añaden unos granos de sal gruesa, vamos a añadirle nuestra sal. Vamos a ser apasionadamente responsables. Porque si no, no seremos responsables. Cumpliremos una obligación. Y eso, además de aburrido, no es ser responsable.

Así que con mucha pasión, hagamos lo que esté a nuestro alcance hacer cada día. Mejor para nosotros. Mejor para todos.