TÓPICOS


Las mujeres no saben leer mapas.

Los vendedores son egoístas.

Los niños no lloran.

El sexo débil.

Los vendedores mienten.

Si muestro mis debilidades se aprovecharan de mí.

Quien calla otorga.

Muchas verdades, ¿no? Al menos, muchas “verdades” comúnmente aceptadas.

Se supone que la “sabiduría popular” las ha ido formulando. Y todo el mundo sabe que la sabiduría popular no se equivoca.

Alguna más. Pero estas son fruto de la “sabiduría” personal y profesional de algunos de nosotros.

Yo no estoy hecho para eso.

A mi eso no se me da bien.

A mis clientes solo les preocupa el dinero.

Sino hago “eso” no me firmarán el pedido.

Todo el mundo quiere comprar barato.

¿Verdad?

Lo cierto es que continuamente vamos adquiriendo esa “sabiduría” que nos ayuda a elaborar creencias respecto a casi todo lo que nos rodea y nos encontramos a diario. Esas creencias son las que luego nos llevan a decidir qué hacer en cada momento. Ya sabemos lo que el mito de pigmalión o la profecía autocumplida nos consiguen después. Al tomar decisiones basadas en esas creencias, no hacemos más que confirmarlas. Nuestras decisiones provocan más resultados que necesariamente confirmarán las creencias que nos han llevado a tomarlas.

Pongamos un ejemplo. Sencillo. Empecemos por la primera “perla de sabiduría popular”. Hasta hay un libro que contiene esa frase en el título.

Como las mujeres no saben leer mapas, cuando necesitemos leer un mapa y no podamos hacerlo nosotros mismos, le pediremos a cualquier hombre que lo haga. Muchas veces eso dará resultado. Encontraremos el lugar antes o después. Pocas veces podremos comparar el resultado con lo que habría pasado si le hubiésemos entregado el mapa con la misma confianza a una mujer que tuviera la misma experiencia leyendo mapas que el hombre al que se lo hemos pedido.

En cualquier caso, lo cierto es que al no pedírselo a ninguna mujer, impedimos que intente o practique la mujer o mujeres presentes. Eso dificulta que en el futuro esa mujer pueda desenvolverse con un mapa de manera que pueda parecer que sabe hacerlo. O sea, estamos contribuyendo a que la afirmación se cumpla. Pero no estamos dando oportunidad de que se demuestre si es acertada o no. El tópico se convierte en mito. Y el mito esta a un paso del timo. De hecho, con las mismas letras que escribimos uno escribimos el otro.

Lo mismo ocurre con ejemplos de “sabiduría” personal y profesional. Un ejemplo, el que más me golpea últimamente hablando con ciertos vendedores.

“A mis clientes solo les preocupa el dinero”. Hay diferentes variantes. Una de ellas fruto de una “aplastante sabiduría” resultado de una dilatada experiencia (de otro modo sería pretencioso hacer una afirmación así): “Todo el mundo quiere comprar barato”.

Pues como todo el mundo quiere comprar barato, vamos a asegurarnos de que les queda claro que les puedo ofrecer un precio barato. Antes de que se asusten por mis precios les dejaré claro que yo les puedo vender barato. Incluso más barato que lo que le hayan pedido hasta ahora.

Como se supone que soy un buen vendedor, debo intentar suplir las necesidades de mis clientes. Y como el cliente siempre tiene la razón, si dice que debo ser más barato, debo serlo. ¿Verdad?

Así que me dirijo a mi cliente y me aseguro de que sepa, en cuanto parezca necesario, que puedo venderle barato. Que puedo asegurarle lo que el quiere y necesita, precio bajo. Y como en algunas ocasiones el cliente compra en esas condiciones, me quedo con la convicción de que era lo que había que hacer para vender. No me doy la oportunidad de comparar con lo que habría pasado si hubiese elegido otra manera, otros argumentos, otros valores para atraer al cliente a que me compre. Así adquiero esa “sabiduría” profesional que tan útil me es.

Pues adivina qué:

Jutta Kleinsmith, ganadora absoluta del Dakar 2001.

Tina Thörner, copiloto de élite de raids.

Mercedes

BMW

Lamborghini

Ferrari

Solo unos pocos ejemplos de que la “sabiduría” popular y la personal no siempre son “sabias”.

Chicas que saben conducir y leer mapas muy bien.

Coches que se venden a precios altos y que no lo ocultan. Al contrario. Lo defienden como señal de identidad.

Así que ¿qué tal si probamos nuevas perlas de sabiduría y les damos una oportunidad a nuevas creencias que nos ayuden a acercarnos a nuestro ideal en lugar de justificar nuestro estancamiento?

Hoy te propongo estas perlas para reemplazar las antiguas (como ejemplos):

Algunas mujeres pueden leer mapas.

Un vendedor puede ser generoso.

Llorar es de gente sensible y desinhibida.

El sexo cuanto más fuerte mejor (esta no te la esperabas, ¿verdad?).

Un buen vendedor y una buena persona dicen la verdad.

Si muestro mis debilidades podré obtener ayuda.

A veces callar es muestra de bondad.

Puedo hacer cosas diferentes y voy a intentar hacerlas bien.

Eso que no se me ha dado bien puedo aprenderlo con ayuda y práctica.

A mis clientes les preocupan muchas más cosas que el dinero.

Puedo encontrar la manera de que me confirmen el pedido haciendo “eso”.

Todo el mundo quiere comprar lo más barato posible aquello que desea.

Hay más, pero debes elaborarlas tú. No tengo la bola de cristal. Pero tu si que sabes cuales son tus “perlas”.

Te dejo con una esperada y no por ello menos importante:

Puedo salir mañana a la calle y, apasionadamente, transmitirle a los que encuentre que es un gran día para hacer cosas nuevas y adquirir nueva sabiduría.

Toma topicazo